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Texto para los ítems de 114 a 120.
¡Qué pelmas con lo de la siesta!
1 ___ Desmontemos simplezas: España será como sea,
pero en todo el país no duerme la siesta ni el 15 por ciento
de sus ciudadanos. Un amable –a pesar de todo– artículo de
4 The New York Times reduce las características básicas de
nuestro país a un pintoresco lugar en el que se cena a las
diez de la noche y en el que se duerme por la tarde una corta
7 cabezada en el brazo de un sofá. No es para tanto. Entre
semana duermen la siesta los jubilados, que para eso se lo
han ganado, pero muy pocos asalariados. Otra cosa puede
10 ser el fin de semana, tiempo en el que echar un sueño no
debería penarse con la desconsideración con la que lo hace
el titular del New York Times: acabar de comer un sábado y
13 dejarse caer en cualquiera de las versiones de la siesta viene
siendo una sana costumbre de la que no es propietaria
España, sino que se pone en práctica en muchos lugares,
16 haga en ellos calor o no. La siesta es una leyenda, una
antigüedad del tiempo aquel en el que todo era lento y un
pelín rural. Dormir la siesta de pijama y orinal no está al
19 alcance de una cajera de supermercado, de una abogada
laboralista o de un ejecutivo de Bolsa. Dejémonos de
daguerrotipos envejecidos.
22 ___ Caso distinto es el horario vital de los españoles,
necesitado de un repaso. Cada día empezamos a trabajar a
hora más temprana, tendemos a hacer turnos completos
25 con breve parada para un tentempié –pues nadie aguanta
tantas horas con la tripa vacía– y salimos a media tarde.
Es el momento de conciliar vidas familiares, cenar temprano
28 y no acostarse a las tantas. Es lo que hacen por ahí y no les
va mal. Sin embargo, clima y costumbres hacen que
apuremos los días hasta el último suspiro: es cierta la parte
31 del reportaje que afirma que cenamos a las diez, cosa que
para un norteamericano resulta una barbaridad. Si cenamos
a las diez y vemos la televisión hasta las doce dormimos
34 pocas horas, ya que son muchos los que deben despertarse
en torno a las seis de la mañana y desplazarse largamente
para llegar a su trabajo, lógicamente en grandes ciudades.
37 Pero para cenar antes también hay que comer antes, no a
las tres. Nadie, o muy pocos, comen a las doce y media.
Si uno se zampa un cordero pasadas las dos y media no suele
40 tener hambre a las ocho de la tarde, que es la hora que te
permite hacer la digestión tras la cena, charlar con los tuyos,
acostarte plácidamente a las once y dormir siete u ocho
43 horas. Nos gusta estirar el día, y la temperatura de buena
parte del año nos invita a hacerlo. Corregirlo no es sencillo.
Arenas movedizas por Carlos Herrera
¡QUÉ PELMAS CON LO DE LA SIESTA! (con adaptaciones).
De acuerdo con el texto y sus aspectos lingüísticos normativos, juzgue los ítems de 114 a 120.
“reportaje” (línea 31) es una palabra heterogenérica con relación al portugués.
Certo
Errado