Instrução: As questões de números 36 a 40 referem-se ao texto abaixo. Os destaques ao longo do texto estão citados nas questões.
Carta a los Reyes
Por Emilio Gavilanes
- Yo no conocí a mis padres. Murieron cuando tenía dos años, en un accidente. Me crió mi
- abuela, que vivía con ellos. Cuando digo “mi abuela” me refiero a mi abuela materna. A los otros
- abuelos tampoco los conocí.
- No supe el tipo de educación que me estaba dando hasta que murió y salí de aquella casa
- y me relacioné con otra gente, pues hasta entonces yo casi únicamente hablaba con ella. Mientras
- vivió, nunca salí solo a la calle. No fui al colegio. Ella me enseñó a leer y a hacer cuentas. Yo no
- sentía necesidad de amigos. Cuando la acompañaba a la compra, o a un recado, a cualquier sitio
- de la calle, muchas personas me decían cosas y me saludaban, pero todo era tan breve que no
- tenía tiempo de darme cuenta de que no eran iguales que ella.
- Fue después, cuando ella murió y empecé a conocer el mundo, cuando comprendí lo
- distintos de abuela que eran los demás.
- Una tarde, al ir a coger unas galletas, tiré un bote lleno de harina. Abuela me convenció de
- que había nevado en la cocina y estuvimos toda la tarde jugando a hacer dibujos en la nieve. Otra
- vez se me resbaló de las manos una botella de leche y se me cayó al suelo. Abuela me hizo varios
- barquitos de papel para que jugara en aquel charco blanco, enorme. Yo creía que eso era la vida.
- Cuando ella murió, yo tenía quince años. Me llevaron a vivir con unos tíos míos que vivían
- en Madrid y a los que no había visto nunca. Tenían tres hijos. Dos hijos y una hija. Nunca me llevé
- bien con ellos. O más bien al revés: nunca se llevaron bien conmigo. Bueno, no se llevaban ni bien
- ni mal con nadie. Ni siquiera entre ellos. Apenas se hablaban.[...]
- Mi tío y mis primos trabajaban en Correos. Yo llegué a su casa en septiembre y en diciembre
- mi tío me dijo que me había apuntado para que trabajara aquel mes en Correos, de turronero,
- como se llamaba entonces. No tenía edad, pero mi tío hizo un chanchullo con la documentación.
- Como yo era muy alto, mi juventud no llamó la atención de nadie.[...]
- Pero lo que más me llamó la atención el primer día fueron las cartas a los Reyes Magos.
- Había montones de ellas por todos lados: bajo las mesas, detrás de las máquinas, en todos los
- pasillos, sucias, rotas, pisoteadas… Me puse a recoger todas las cartas que vi, cartas muy serias -
- como la que yo mismo había enviado unos días antes, sin que lo supiesen mis tíos-, y cuando tuve
- un pequeño montón lo uní con toda naturalidad al del resto de cartas que estaba clasificando y se
- lo llevé a los que matasellaban. Unos minutos después, uno de ellos lanzó una maldición y se puso
- a gritar y a amenazar al gracioso que le había llevado aquello, agitando bien alto el paquete de
- cartas a los Reyes y preguntando quién había sido. Yo levanté la mano tímidamente, asustado, y
- todos los demás explotaron en una carcajada ruidosa. El pobre hombre que gritaba, quizá al ver
- que yo era mucho más alto que él, prefirió callarse. Todos creyeron que había sido una broma y
- me daban palmadas en la espalda para felicitarme. Me resulta increíble que nadie, entre aquella
- gente curtida, endurecida, maliciosa, brutal, que siempre estaban atentos a que alguien cometiera
- el menor desliz para laminarlo, que nadie se diese cuenta de que yo no sabía que los Reyes no
- existían. No concebían la inocencia.
- Yo había pedido en mi carta volver a estar con abuela. Unos días después de que los Reyes
- no me trajeran nada, mi tío me dijo si quería quedarme con alguna prenda de abuela. Como habían
- puesto en venta la casa, iban a tirar su ropa. Entonces vi su abrigo colgado de una percha en la
- penumbra de un armario abierto y creí que era ella, que se había metido allí para darme una
- sorpresa.
- Abuela era muy alta. Su abrigo me valía. Cuando me lo puse, instantáneamente me pareció
- que estaba dentro de su cuerpo. Me sentí lento, bondadoso y cansado. Al meter las manos en los
- bolsillos, topé con sendos pañuelos arrugados. Dos cosas personales, íntimas, que nadie podía
- ver. Me parecía estar tocando su alma.
Adaptado de: https://narrativabreve.com/2016/02/cuento-de-emilio-gavilanes-carta-a-los-reyes.html