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Texto 2
34 Yo, señor, no soy malo, aunque no me
35 faltarían motivos para serlo. Los mismos
36 cueros tenemos todos los mortales al nacer
37 y sin embargo, cuando vamos creciendo, el
38 destino se complace en variarnos como si
39 fuésemos de cera y en destinarnos por
40 sendas diferentes al mismo fin: la muerte.
41 Hay hombres a quienes se les ordena
42 marchar por el camino de las flores, y
43 hombres a quienes se les manda tirar por
44 el camino de los cardos y de las
45 chumberas. Aquéllos gozan de un mirar
46 sereno y al aroma de su felicidad sonríen
47 con la cara del inocente; estos otros sufren
48 del sol violento de la llanura y arrugan el
49 ceño como las alimañas por defenderse.
50 Hay mucha diferencia entre adornarse las
51 carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con
52 tatuajes que después nadie ha de borrar
53 ya.
54 Nací hace ya muchos años – lo menos
55 cincuenta y cinco – en un pueblo perdido
56 por la provincia de Badajoz; el pueblo
57 estaba a unas dos leguas de Almendralejo,
58 agachado sobre una carretera lisa y larga
59 como un día sin pan, lisa y larga como los
60 días – de una lisura y una largura como
61 usted para su bien, no puede ni figurarse –
62 de un condenado a muerte.
Camilo José Cela. La Familia de Pascual Duarte Madrid. Editorial Destinolibro. (trozo del capítulo I)